sábado, 7 de febrero de 2015

ALMAS GEMELAS

Tener un alma gemela significa: compartir con otra alma muchas vidas, penas y alegrías, triunfos y desesperación, amor y perdón, enfados y perdones y, sobre todo, un infinito crecimiento. Un alma gemela suele ser alguien con quien sentimos un vínculo instantáneo en el primer encuentro, como si lo conociéramos desde hace mucho. En realidad, probablemente sea así. No hace falta tener una relación romántica con una persona para experimentar la satisfacción y la plenitud del vínculo con el alma gemela.

 En la regresión a vidas pasadas se reconocen a los seres queridos así, sin más. Al mirar a los ojos del alma gemela se sabe quién es. Sea en el Cielo o en la Tierra, se percibe una vibración o una energía característica de los seres amados. Se vislumbran la personalidad más profunda que hay en su interior, y surge un conocimiento interno, que proviene del corazón. Se produce una conexión. Puesto que los ojos del corazón son los primeros que ven, las palabras no pueden transmitir por sí solas la seguridad del reconocimiento del alma. No existe duda ni confusión. Aunque él cuerpo sea posiblemente muy diferente del actual, el alma es la misma y se reconoce. Este reconocimiento es completo y queda fuera de toda duda.

Si una de las dos almas está menos desarrollada y es más ignorante que la otra, la violencia, la codicia, los celos, el odio y el miedo pueden: enturbiar la relación. Tales sentimientos son nocivos hasta para el alma más evolucionada, aunque se trate de un alma gemela. Es habitual que fantaseemos con ideas como: “yo puedo cambiarle” o “puedo ayudarle a crecer”. Si la otra persona no deja que la ayudemos, si ha decidido que no quiere aprender ni evolucionar, la relación está condenada al fracaso. Tal vez surja otra oportunidad en otra vida; a no ser que la persona en cuestión tome conciencia más adelante. A veces se producen estos despertares tardíos.


 

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