
ESPÍRITU CONFORMADO
El mensaje estelar que el hombre porta desde su origen, se sintetiza en la dinámica de su Fuerza ESPIRITUAL. Esta fuerza espiritual se condensa en el sentimiento inmortal de su existencia, se concretiza en la experiencia de amor de sus vivencias, se expande en la actitud inevitablemente solidaria de cada una de sus acciones y se hace íntima y luminosa en el abrazo fundido de los amantes. Esta huella impresa que le cualifica como fuerza espiritual, se diversifica en las acciones de su voluntad, decisión, alegría, reflexión y recuerdos. Y en la medida en que estos cinco haceres permanecen en equilibrio, su huella permanece intacta.
Pero..., cuando la voluntad se transforma en miedo...., cuando la decisión se convierte en violencia..., cuando la alegría se trunca en tristeza..., cuando la reflexión se convierte en obsesión..., y cuando el recuerdo se hace lánguido y nostálgico, el equilibrio se empobrece y se pierde, y..., la posición de su hacer, como expresión de fuerza, se transforma en una veleta que busca afanosamente muletas, y que no es capaz de recuperar la belleza de su origen.
Aún se recuerda, que los árboles tan sólo quieren ser árboles. También se sabe , que el fuego sólo aspira a dar calor. A duras penas recordamos, que la tierra solo quiere ser fecunda. Con afán buscamos la piedra preciosa que se alberga en una cueva... Y también, sentimos que el agua es la mejor bebida. Cinco haceres, que en permanente servicio, nos recuerdan las cinco sublimes expresiones del espíritu del hombre: la firmeza, la benevolencia, la paz, la cortesía y la bondad.
Todo ello tiene su residencia en el interior oscuro de nuestra forma. La flexibilidad decidida emerge del hígado jupiteriano; la alegría serena emergen del corazón teñido por el rojo de Marte; la reflexión generosa convive con la trascendencia de Saturno; el recuerdo siempre presente subyace en la impronta de Venus; y la firme voluntad del cambio se arropa en la serena oscuridad de Mercurio.
Nada se realiza sin consentimiento de cada una de las partes, y todo se consuma, con la complicidad de todos.
Cuando el hombre se arropa en una sola actividad, usurpa la virtud de los otros y pierde la generosidad necesaria para dar cauce y cumplimiento a la actividad de los otros hombres. El sufrimiento emerge entonces con la fuerza de una permanente tormenta y la desesperación se convierte en el móvil común de cada ser.
La enfermedad se nos antoja entonces, inevitable; el amor, imposible; la ternura, ocasional; la solidaridad, justo lo imprescindible; la violencia, necesaria; y la paz..., sólo queda en el recuerdo imposible.
Si supieras, amor, que tu gesto
me llena y me destroza.
Si supieras amor, que tu mirada
me arropa y me acongoja.
Si supieras amor, que tu recuerdo
me duerme y me desespera.
Si supieras amor, que tus palabras
me desbordan y me ahogan.
Si supieras amor, que tu actitud
me derrite y me aniquila.
lo único que me importa
¡ay amor , que inútil sería el sufrimiento¡
LA ESTRELLA FUGAZ
de José Luis Padilla Corral, fundador de la Escuela Neiking (www.flonios.com)






